2026-06-09 · Núria Soler
Qué pedir a la redacción antes de abrir la promoción un sábado
Un briefing de una página ahorra malentendidos sobre menores, documentos en la mesa y zonas que la promoción no quiere en fotografía.
La semana previa a una jornada, el encargo se juega en un documento corto. No hace falta un dosier de marca. Hace falta el horario real de apertura —no el de la invitación—, el nombre de quien estará en mesa y si se esperan agencias a una hora fija. Sin eso, la redacción llega a ciegas y la crónica se llena de huecos.
Las zonas prohibidas deben estar dichas por escrito. Dormitorio con enseres del equipo, baño con productos personales, mesa con DNI o contratos: si no se avisa, el fotógrafo pierde minutos negociando en voz baja mientras entra una visita. Ese roce se nota en las imágenes y en el trato.
El consentimiento de las personas retratadas no es un trámite de última hora. Conviene que el comercial sepa que vamos a pedir permiso para citar y para fotografiar rostros. Quien no quiera salir, no sale. La crónica puede describir el flujo sin identificar a nadie. Es más honesto que un plano general borroso que finge intimidad.
Si la promoción quiere validar cifras —precios, unidades, plazo de entrega— hay que nombrar a la persona que firma esa validación. Un «lo mira marketing el lunes» retrasa la entrega los cinco días que habíamos prometido. Preferimos publicarlo sin cifra a inventar un rango.
Por último, el café y la cola. Parecen nimiedades y organizan la jornada. Si el café está en la calle, las conversaciones se oyen. Si la cola entra al portal, el vecino de la planta baja forma parte de la historia, lo quiera o no. Pedimos que nos lo digan antes, para no improvisar el encuadre en el rellano.